LOS HOMBRESITOS DEL PARQUEADERO
Yo aborrezco parquearme. En parte porque soy medio (bastante camarona) y me cuesta centrarme a menos que haya una cancha de futbol a mi disposición. Pero lo que más me incomoda de parquearme son los inigualables personajes que nunca faltan en un parqueadero, que junto a mi falta de maniobilidad me causan sensación de angustia, y el solo ver o sentir que se aproxima dicho personaje entre vueltas del volante y la reversa, me transportan a una película de suspenso estilo “El silencio de los inocentes” en la que soy la víctima de Hannibal Lecter. Ese es el efecto de los hombrecitos del parqueadero, en mi caso, producirme estrés. A otros les fastidia, a otros ni les importa y los ignoran (¿cómo lo logran?), el hecho es que siempre hay uno y los vemos día a día.
Son nativos en de todos los parqueaderos. Son el gallo del gallinero, el sheriff del pueblo, el capataz de la hacienda, el Tarzán de la selva. Parece que este oficio los absorbiera de tal modo que estos hombres solo viven por y para que la paz y orden reine en su parqueadero, porque SI, es SU parqueadero, no del dueño del centro comercial, no del dueño restaurante ni los moradores del edificio; o al menos es eso lo que me hacen sentir, aparte de culpables “pelucones” por no andar a pata. Pero es solo con el ciudadano común, porque me imagino que su misión cívica debe truncarse con los carros del estado, que aparte de parquearse donde les da la gana pueden atropellarlos sin que nadie haga nada. O sea que, hasta los hombrecitos del parqueadero ven limitada su valerosa tarea.
Tienen actitud de jefe amo y señor, ellos no piden, exigen. Y es que tienen la obligación de hacer que todos y cada uno de los vehículos que ingreses se parqueen a 90 grados de la línea marcada, que no corchemos la salida, que nos pongamos de reversa, guiar el tráfico, indicar las salidas, evitar que nunca jamás alguien tome atajos para ganar los puestos, y controlar las disputas que estas situaciones conllevan. Además una de sus más importante misiones es verificar que la persona que se parqueó en espacio con letrero de embarazada, tenga como muestra la gráfica una barriga a punto de estallar. Es decir que si tenemos tres meses de embarazo y nuestra barriga aún no parece una pelota de básquet, será mejor que llevemos una ecografía y examen de sangre junto con la licencia, para poder ocupar este sitio preferencial.
Muchos incluso mejoran su servicio ofreciendo una “lavadita” que por lo general es con agua de cómo cien autos y un guaipe (no estoy segura si así se escribe) igualmente sucio. Que nos neguemos a este beneficio puede ser pasado algunas ocasiones, pero lo que no nos perdonan jamás es que omitamos soltar unas moneditas cuando dejamos libre el valioso lugar de parqueo. Nos muestran su descontento con malas caras y balbuceos, o l atípica cara de perrito abandonado, que viene aprendiéndose de generación en generación.
Cuando ya somos “hierva” de un mismo parqueadero, empezamos a ganarnos su afecto y hasta ya nos reservan el puesto, pero cuando somos “novatos” siempre somos tratados con recelo.
Los hombres del parqueadero son como los dibujos animados: Siempre están con la misma ropa. Infaltable la gorra y la franela roja, que en realidad esta ya negra y que ondean creyendo que todos entendemos el lenguaje franelesco. Casi todos tienen un pito, pero con o sin esta herramienta utilizan su propio tono de voz agudo tan peculiar, con el que nos dicen: “deledeledeledeledele… enderece, enderece, enderece, así, así, pal otro lado, deledeledele YA, ahi queda!.”Yo no se ustedes, pero al menos a mí me terminan de confundir: Dele? A dónde? Hasta dónde? Enderece?? Siempre le doy para el lado equivocado; porque trato de seguir la dirección que señala la franela. Por eso prefiero no escucharlos y tratar de concentrarme sola, como veo que todos los demás conductores hacen, al menos hasta que inventen el diccionario: ”español-hombredeparqueadero-español”.
Y eso no es todo. Los hombres de parqueadero vienen recargados. Con la nueva disposición del Municipio de Quito, y los centros comerciales para sacarnos y plata, se han creado nuevos puestos de trabajo que dan lugar a los nuevos y mejorados Hombres de Parqueadero:
(Usaré la abreviación H.D.P para Hombre de Parqueadero, si concordara con otras palabras, no asumo responsabilidad)
1. H.D.P UPPER UPPER/Estresado: Este es el más poderoso de los hombres de parqueadero, pero el último y menos importante del centro comercial, en el que reacen todas las quejas de los administradores. Está a cargo de los otros hombres de parqueadero y se desquita con ellos las carajeadas. Siempre tienen WALKI TOKIES, y chaleco tipo militar, sin olvidar la cara de confusión permanente. Es a este a quien debemos acudir si por desgracia perdimos el papelito de 5 cm x 5cm del parqueadero.
Responsables pararse en al puerta del Centro Comercial ara defender con su vida si fuere necesario que la entrada no fuese violada por nadie antes de las 9h30 am. Y cuando al fin, su reloj da esa hora, nos sonríe hipócritamente y nos dice: BIENVENIDOS.
2. H. D. P de Caseta: Este es el individuo que le tocó pasarse metido en una caseta o isla de 1cm x 1m a cobrar la hora o fracción a 0.50 centavos. Por eso esta malgenio. Todos nos preguntamos: A qué rato va al baño? Tiene relevos?
3. H.D.P de Cobro: El que esta pegado a la maquinita para recoger el papelito. Pobre hombre, parado todo el día, no sabe si es de día o de noche, por eso nunca saluda. Este esta vestido de chapa/hombre de seguridad para hacernos creer que pagamos para que nuestro auto este más seguro.
Aunque poseen funciones distintas y específicas todos poseen el factor común de las características tradicionales de los H.D.P ancestrales: Están histéricos, no se les entiende nada, y el respeto por el parqueo es lo más importante en su vida.
Aunque no me son muy agradables; trato de imaginarme su vida, su familia, y las necesidades que deben tener para estar ahí todos los días. Y es que hay que reconocerlo, a veces mal genios, imponentes e impacientes, pero su oficio no es nada fácil: Respirar y aspirar el mismo smog todos los días, bajo el sol calcinante o los granizos punzantes, lluvia, neblina y frío. No me imagino a mi Quito, sin hombrecitos de parqueadero.
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